No Quieren

Las personas en tu empresa no quieren cambiar y como dijo Don Teofilito: Ni van a querer. Por una sencilla razón: No ven un beneficio directo para ellos.

En todas las empresas con las que trabajamos encontramos este comportamiento.

Es tan común, que al inicio le anticipamos al Dueño que esto va a suceder y cómo lo vamos a resolver.

¿Pero cómo no van a querer, si es su trabajo, además yo se los estoy pidiendo?

Si solo fuera un tema de voluntad, no tendrías Desmadre Operativo, la realidad es mucho más profunda.

Usaré el fútbol para explicarme.

Un portero es contratado para evitar goles.

El objetivo es claro, por supuesto también los indicadores y las consecuencias.

Nunca he visto un portero que diga: Es que no sabía que yo tenía que detener los goles. Tampoco alguno que haya dicho: Que raro que me sacaron del partido después de que me anotaron 4 goles.

Por supuesto, puede argumentar que los defensas no están haciendo su trabajo, que los delanteros del equipo contrario son fuera de serie, pero el resultado es claro e irrefutable.

No se trata de que el portero quiera detener los goles, es su encargo y lo tiene que cumplir.

Si no quiere detener goles, no puede ser portero.

Es decir, la posición y sus responsabilidades están claramente definidas. Cualquier persona que aplique para ser portero, de antemano sabe las implicaciones.

¿Por qué no quieren?

En las empresas con Desmadre Operativo, las personas no quieren cambiar, porque no saben qué posición están jugando.

Lo que sí saben, es que independientemente del Desmadre Operativo, ellos seguirán recibiendo su sueldo puntualmente.

Están en una zona de confort marcada por la cultura: “Así funciona la empresa, para qué le movemos”. “El interesado en cambiarla, es el Dueño.”

Entonces, cualquier iniciativa aislada muere en el intento. Porque la gente no quiere cambiar, no le conviene.

En la mayoría de los casos no actúan de mala intención, están influídos por una cultura de trabajo de aquí no pasa nada.

Pero sí pasa y mucho

Y vuelvo al ejemplo del fútbol.

Como Dueño, tú eres el director técnico de tu equipo; cuando la gente no cumple con su función, tienes que entrar al campo para reforzar al portero, la defensa, subir a tirar goles.

Correr por toda la cancha además de tenerte agotado, limita tu visibilidad del partido. No puedes tener una visión amplia del juego para dirigir a tu equipo.

Porque en lugar de dirigir, estás jugando por ellos.

En medio del ajetreo, ya no sabes quiénes sí están cumpliendo su función y quiénes no. Entonces los reúnes y les dices que le echen ganas porque está muy difícil.

Este ejemplo parece muy radical, en realidad es muy descriptivo.

Por supuesto es frustrante que teniendo más de 30 personas, una estructura con coordinadores y mucho talento, estés sufriendo esta situación.

¿Cómo hago que quieran?

No hay una forma de hacerlo de la noche a la mañana, sin esfuerzo.

Necesitas cambiar la realidad cotidiana de tu empresa, apoyado en consecuencias claras y justas.

Y no puedes aplicar consecuencias si no hay claridad operativa.

Sin claridad, aplicar consecuencias es tan injusto como castigar al portero porque no ha anotado goles.

Lo primero que hacemos con nuestros clientes es ayudarlos a describir qué deporte están jugando y cómo lo juegan.

Es decir, quién es su cliente, qué valor entregan, cómo lo generan, qué cosas no hay que hacer.

Con esta descripción, dibujamos la cancha donde se jugará, definimos las reglas y luego las posiciones.

Porque cada posición debe ayudar al proceso de negocio, tener una meta específica.

A partir de esta claridad, damos el siguiente paso: Ejecución Consistente.

Empezamos con una “recontratación virtual” de las personas.

Se explica a cada una el alcance de su posición, qué debe hacer, cómo, cuándo, con qué indicadores y consecuencias.

Algunas personas aceptan con gusto su posición, otras piden jugar en otra zona del campo y muy pocas prefieren salirse del equipo.

Con la nueva alineación clara, empiezan los entrenamientos para todas las personas. Primero grupales, luego en equipo y luego individuales.

Al final del entrenamiento, todos nos dicen que están entusiasmados, que siempre van a jugar con las nuevas reglas y que le van a echar muchas ganas.

La inercia es tan fuerte que en las primeras dos semanas vuelven a las andadas. Es normal.

Aquí es donde entran en juego las consecuencias, como ya existe un marco de referencia claro, simplemente se aplican.

Las personas que van cumpliendo con su encargo reciben consecuencias positivas. Las personas que no cumplen, reciben consecuencias negativas.

Y a partir de este momento, todas las personas quieren jugar con las reglas.

Rápidamente entienden que esta forma de trabajo es positiva para todos, porque se construye sobre una cultura de trabajo justa.

El siguiente reto es sostenerla en el tiempo. Para lograrlo, necesitas que el trabajo cotidiano se ejecute consistentemente.

Por eso el fútbol es tan popular, siempre se juega con las mismas reglas y consecuencias.

Esta consistencia permite que se disfrute de una sana competencia dentro y fuera del campo.

Al mismo tiempo, permite que las personas desarrollen mejor su talento, porque están enfocadas. Lo que también produce mejoras en la forma de operar.

Con esta realidad, cuando contratas a una persona, de antemano sabe qué implicaciones tiene su posición y entra de inmediato al ritmo del juego.

Querido Dueño, en lugar de desgastarte tratando de motivar, define y ejecuta las reglas del juego. Así permanecerán solo los que quieran jugarlo y tú recuperarás tu papel de Director Técnico.

En Sin Desmadre Operativo® ayudamos a que esto suceda con lo que ya tienes: tu equipo, tu negocio y tu experiencia.

Platiquemos cómo transformar tu operación en orden, rentabilidad y tranquilidad. Agenda aquí tu reunión.

Recuerda: Claridad para que quieran